Androginia UNO
Mis primeros recuerdos se centran en una pelota y seis piezas de metal, una palmada tras otra. Chancho, Levis con palmadas, chinita ligera, chinita espacia… Yo gané. Soy la más hábil de entre mis amigas. Ellas me admiran. Soy como la capitana del equipo. Hay algo diferente en la mirada de sus madres. Ellas ríen, mientras comentan. Pero es solo un comentario entre ellas. Llego a casa. Enciendo el televisor que es de madera. Todavía lo conservábamos, aunque mi tío ya tenía uno a todo color. Aparece él en la pantalla. Posee una sonrisa angelical, sus cabellos caen suavemente sin cubrir su rostro. Seguro lo conoces. Es fuerte su voz. Termina envolviéndome toda. Mi mirada tiembla y procuro no ser descubierta por mi papá. Seguramente me castigaría por desear que acaricie mis pechos.Tengo ocho años. Ya no es divertido jugar con mis amigas. Me han obligado a besar a una. Me he casado con otra. No es desagradable, pero reprendo mi acción. Intento reprimir mi deseo tímido. Sé que no es correcto. Ellas son como yo. Mientras tanto un niño acaricia mi rostro y mis cabellos. Dice que soy linda y se descubre el pantalón. Me agrada que lo haga, pero ambos sabemos que no podemos ser descubiertos. Tal vez porque él es poco mayor que yo.
Dicen que las chicas no debemos poseer ni un atisbo de vello en el cuerpo. Debo evitar a toda costa que los que no aparecen tengan la oportunidad de ser parte de un ritual de toda chica. Una depilación en la tina será necesaria. Olvido asegurarme de tener la privacidad que el ritual por construir mi belleza no se vea interrumpida. Mi hermano mayor invade mi espacio. Me acusa con mamá. Micciona sobre mi tina de baño. Seguramente porque todavía no soy mayor. Lloro fuertemente y sin cesar. Es extraño, pero mi mamá no está de acuerdo con él. Ella no dice mucho.
Andrógina DOS
Han ocurrido cambios significativos en mi imagen. He cambiado de colegio. Tengo mucha más hambre que nunca. Mi frágil cuerpo ha sido modelado por la ansiedad y el apetito vertiginoso que sorprende a mamá.
Tengo tres amigos. Ahora estoy bajo la vigilante mirada de mi hermano. Me gusta una niña, mientras mi maestro de Ciencias naturales me dice que tengo unos labios muy lindos por ser carnosos. Me apena oírlo y huyo como quien escapa de un posible raptor. Me extravío entre la chacota del recreo. Veo a mi profesor de modo distinto.
Parezco inexistente. He intentado asolaparme entre el ruido y la forma. La mía cobra sospecha. Me gusta mi compañera de clases. No dejo de pensar en lo que dijo el profesor de Ciencias Naturales. Camino cinco cuadras antes de llegar al paradero de bus de retorno a casa. Conozco otra niña, me divierte coquetear con un niño que sonreía y se sonroja, mientras me mira cuando compartimos la combi.
Mi cuerpo se ve extraño. Mis piernas se ven más gruesas de lo ‘normal’. Me asusta. Me veo al espejo y no solo mis piernas han engrosado. Mis pechos también están más grandes. Mis amigos invaden mi cuerpo. No entienden la naturaleza de mis formas. No soy lo que ellos necesitan saber. Una figura poco conceptuable por su estado liminal es tomado como la base primaria para la construcción de sus dictámenes.
Niego mi existencia y esto se acentúa mucho más conforme pasa el tiempo. Es doloroso no poder ser lo que ellos esperan de mí. Mi violenta natural trasgresión a sus sentidos golpean fuertemente mis emociones. Lloro otra vez. Recuerdo la orina de mi hermano sobre mi cuerpo. Mi habilidad por no ser descubierto por papá mientras deseo al chico del televisor. Crece el deseo de poder ser como los demás. Mis objetantes son diferentes entre sí, pero solo yo lo noto. En cambio ellos parecen creer ser una masa homogénea que se pierde entre la armonía de sus silencios Cada vez me convenzo que no es ni el lugar ni el tiempo para desenvolver mi presencia.
Creo que soy diferente. Y ser diferente es no poder estar. Entonces busco vincularme al vacío. No entiendo el concepto, pero me parece más propio.
Empiezo a preguntarme qué es lo vacío en mí. Entiendo que la gente construye relaciones que los vinculan para diversos fines y bajo diversas motivaciones. Mi vacío solo alude a una peculiar forma de relacionarme con los otros que no son de mi interés.
En aquel entonces me obligan a salir de mi único escenario posiblemente imaginable hasta ese momento. Antes de salir me obligan a nombrar el título que le corresponde a mi diferencia con el ánimo de hacer el diagnóstico para que solidariamente me ayuden a superarlo, cual enfermedad se tratase. Me conmueve la iniciativa, pero estoy asustado.
Androginia TRES
Bebo mucho más que los demás. Caigo rendido a la suavidad del pavimento. Levantan con amabilidad mi cuerpo y lo ponen a salvo. Antes tienen que burlar la seguridad de la puerta de ingreso-salida de la universidad.
Despierto y me veo envuelto en miedo. Por fin reconozco la habitación. Estoy en casa de unos amigos, en su cuarto de visitas para ser más preciso. Mis otros amigos decidieron traerme aquí. Yo solo pude despertar por el insistente timbre de mi celular. Papá estaba preocupado porque no pude llegar a casa. Era la primera vez que dejo que el alcohol apacigüe mi depresión.
Ha transcurrido 23 años de mi vida, sin lograr definir mis emociones, mis anhelos y menos aún poder nombrar lo que soy. Ya para este momento acepto mi nombre. Busco mis pantalones en la sección de los ‘sin caderas’ y luzco bellas pashminas que adornan mi cuello, compradas en las tiendas para ‘mujer’. Confieso disfrutar de esta sutil transgresión.
Alguien mencionó la palabra ¿transgresión? Acepto dos cosas en principio. Soy diferente como todos los demás. Y de algo en que estoy seguro es que lo femenino y lo masculina son lecturas externas a la posibilidad y comodidad que permite mi cuerpo. La única transgresión que he cometido es haber caído en el juego perverso de la brutal separación. Des-feminizar a la mujer y des-masculinizar al hombre es algo que intuí para poder ser inocentemente auténtico. Ambos valores son parte de mi haber.
Androginia CUATRO
El encuentro con un conjunto de pareceres disidentes a los deseos de ese “Yo Universal”. Quiero ser lo que estoy siendo y quiero parecer lo que están viendo. Lo cierto es que ahora tengo plena conciencia que la aceptación está en disputa en la forma en que se enuncia el lenguaje, en el sentido que posee y en las relaciones que produce.
Me tomo un café en compañía familiar, mientras discutimos criterios en relación a nuestros estilos de vida que se vienen produciendo en medio del barullo que genera nuestras presencias.
Pdta. La androginia es un fenómeno que se produce entre las personas por la filtración de nuestra porosa socialización frente a valores estancos que creemos que nunca se intersectan, cuando nos componemos de ellas…
